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29 días en China

Página Otra Mirada, Monday, December 22, 2025

29 días en China

Del 7 de juio al 5 de agosto de 2025

Nicolás Lynch

El presente texto es la crónica de un viaje que no pretende ser exhaustiva ni concluyente. No ha sido fácil encontrar el tono de la narrativa para alguien como el que esto escribe, acostumbrado al lenguaje analítico y conclusivo, pero creo que vale la pena empezar a dar cuenta de una experiencia tan importante que literalmente nos llevó al otro lado del mundo. Lo que escribo es producto de mi observación personal, así como de las múltiples conversaciones tenidas en el viaje y no reclama objetividad sino, como todo lo que he escrito en la vida, está nutrido de mis sentimientos y mis ideas.

Antecedentes

Es imposible no relacionar mi voluntad de conocer China, al menos en el breve viaje académico y de excursión, que hice entre el cinco de julio y el seis de agosto de 2025, sino tomo en cuenta el inicio de mi vida política en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en la década de 1970. Demás está señalar detalles porque los he referido en mi temprano libro “Los jóvenes rojos de San Marcos” en sus dos ediciones en 1990 y 2019. He buscado en este tiempo corto de los últimos meses la razón de fondo de esta voluntad y la encuentro en la impresión que causó en mi esa conexión entre igualitarismo, nacionalismo y audacia que profesaba la versión china del marxismo y su aplicación en la construcción socialista, expresada en Mao Zedong. Una versión que manifestaban con una gran independencia de criterio los dirigentes chinos, recordemos el énfasis heterodoxo en el papel del campesinado, como clase mayoritaria en el cambio revolucionario, su concepto de la guerra, como popular y prologada, en un país con una larga reflexión sobre el tema, las cartas que la dirigencia china intercambia con la soviética y motivan los “Nueve Comentarios” que serían la base de la ruptura que procesan a principios de la década de 1960, hasta la “Revolución Cultural” y su énfasis en “la revolución en la revolución”, antes de conocer el revés de ese proceso. Sin embargo, nunca había madurado mi razonamiento sobre el tema hasta visitar China y sentir el contraste, como cambio y continuidad, entre esa razón o razones tempranas y las transformaciones producidas en los últimos casi cincuenta años. Pero también me invadían preocupaciones más inmediatas. Por un lado, las apreciaciones de la izquierda occidental y más específicamente latinoamericana sobre el viraje ocurrido en China con Deng Xiao Ping, de 1978 en adelante, y por otro, el creciente papel de China en el mundo que por su importancia es objeto de las noticias cotidianas en estos años y estos días. Sobre lo primero, la interrogante ha sido ¿qué se está construyendo en China? ¿Socialismo o capitalismo? Quizás como un eco de la retórica de la Revolución Cultural y la denominada Banda de los Cuatro, que señalaba los peligros de una “restauración capitalista” como la asumían se habría dado en la Unión Soviética y otros países socialistas. Sobre lo segundo, si China en su proyección en el mundo en las últimas décadas, un frente muy importante de su desarrollo económico y político, tiene una pretensión imperial tal como hoy tienen y practican los Estados Unidos, y la han practicado otros países occidentales. Capitalismo e imperialismo, uno precede al otro y se articulan mutuamente, tal como señalan los clásicos del marxismo. Este dilema entonces se torna crucial. Finalmente, la cuestión democrática. Mal que nos pese o por el contrario nos entusiasme, este “extremo occidente” que en algunos sentidos es América Latina, forma parte de la tradición política occidental y con ella no es ajena a la influencia de la democracia liberal. Es muy difícil ver China con otros ojos. Sin embargo, a partir de los éxitos económicos y sociales y la situación de crisis, en algunos casos bancarrota de la democracia liberal, cabe tratar de entender también en términos políticos el régimen institucional chino.

El viaje

Me habían precavido de que se trataba de un viaje largo, pero, aun así, no tenía dimensión de lo que íbamos a emprender. La primera decisión fue no ir por Estados Unidos, para no ser víctima de algunas de las bravatas de Trump. Esto hacía el viaje más largo, unas diez horas o quizás más. Fuimos por Europa y cruzamos el Oriente Medio, para finalmente atravesar el Asia y llegar a Shanghái. 34 horas en total si tomamos tiempo de vuelo y esperas en los aeropuertos. El viaje mismo, sin embargo, ya fue una muestra del mosaico de grupos y culturas que encontramos a nuestro paso. Latinoamericanos, europeos, árabes, iranés y finalmente chinos, pasando por aeropuertos que expresaban distintos modos de tratar a las personas.

Shanghái

El aeropuerto de Pudong presagia lo que serían otros terminales aéreos y estaciones de tren. De apariencia muy nueva, aunque luego nos dirían que no lo era tanto, pero con un diseño, limpieza y orden que desmerece a cualquier otro que hubiéramos tenido en la cabeza. Aunque tuvimos que postergar para otra vez, viajar en el tren bala que une el aeropuerto con el centro de Shanghái en ocho minutos, debido a la amabilidad de nuestro anfitrión de la Universidad de Fudan, que nos estaba esperando con un taxi, para llevarnos al hotel. La postergación no fue en vano porque pudimos entrar a Shanghái por una autopista de ocho carriles y múltiples viaductos que, a pesar de la lentitud del tráfico por la hora punta, nos fue mostrando la arquitectura de la metrópoli desde sus suburbios hasta el centro mismo, para llegar a la “concesión francesa” donde estábamos alojados. Shanghái es hoy una urbe de casi 30 millones de habitantes. El área es de poblamiento antiguo, pero se desarrolla como una ciudad moderna a partir de la agresión europea contra China en la segunda mitad del siglo XIX a partir de la llamada “guerra del opio” y la firma de los “tratados desiguales” que obligan a China a conceder porciones de su territorio a diversas potencias occidentales. Esto lleva a que barrios enteros se conozcan con una referencia al país donde residían los extranjeros de ese origen “concesión francesa”, “concesión británica” etc. Es imposible que esta modernidad en sus distintos momentos, pero especialmente en el actual, no se presente como lo dominante y a ratos aplastante. Una modernidad que no deja de causar una sensación de algo ajeno al lugar y a sus habitantes, un aquí y allá que nos trae distintos sabores y sensaciones caminando por sus calles. Los rascacielos dominan la imagen de la ciudad. Al principio se cree que es sólo el centro, pero no, sucede también en lo que parecen los suburbios. En estos, cientos sino miles de torres iguales, con centros comerciales y de servicios en torno a los que se agrupan, para incluso observar algunos que parecen deshabitados aún, como reflejo de la difícil correspondencia entre oferta y demanda en el mercado inmobiliario. La arquitectura resalta por su calidad y en el centro hay diseños espectaculares. Luego los avisas publicitarios. Anuncios de productos y servicios que enturbian la visión y son imposibles de evitar. La mayor parte de los anuncios son de productos occidentales, se nota una suerte de admiración por “lo otro” que se impone en la moda y se cuela en la vida cotidiana: formas de vestir, automóviles, marcas extranjeras y organización urbana. Shanghái parece ser la cara de esta abrumadora prosperidad económica que presenta China. Una prosperidad que se ve, más allá de las cifras, en la gran actividad de la urbe. Literalmente una ciudad que no parece detenerse. Llegando nomás, al día siguiente de arribar, fuimos a la Universidad de Fudan, que me había invitado para dar una conferencia sobre “Los Dilemas de la democratización en América Latina”. Fudan, una antigua universidad china y una de las más reputadas del país, nos recibió en un evento conjunto de su Instituto de Desarrollo y su Departamento de Español, representados por los profesores Shi Shou y Cheng Yiyang, respectivamente. Ello dio lugar a un animado debate con otros académicos, tanto chinos como latinoamericanos presentes. Sin embargo, el tema de la democratización y la democracia no es fácil de abordar en China. Venimos de tradiciones políticas diferentes y en un momento de crisis de la democracia liberal, cuyo mejor ejemplo en el planeta es la presidencia de Donald Trump, que no conoce los derechos de las personas, ni la división de poderes, ni los pesos y contrapesos en el régimen político. Pero la explicación en mi presentación de que los dilemas latinoamericanos estaban precisamente en relación con esa crisis de la democracia liberal y la necesidad de superarla, hizo que se pudiera abrir un espacio en el debate y un punto de reflexión común entre el éxito chino y el extremo occidente de América Latina. La ciudad de Shanghái, por otra parte, tiene otros recuerdos de su etapa previa. Me refiero a que dentro, detrás o al costado de sus edificios modernos, se repiten construcciones de otras épocas, incluso se descubren restos de la arquitectura “Art Deco” que caracterizara el centro de Shanghái en la década de 1920. Suelen ser callejones con pinturas de otros tiempos que recuerdan una ciudad distinta pero ida. La mayor de estas construcciones o quizás la más notoria, conocida como el “Bund”, es un conjunto de edificios, bancos, grandes hoteles, restaurantes de lujo que dan al malecón del río que atraviesa el centro de Shanghái, son lo más característico de este contraste, en el que grandes edificios de hace 100 años recuerdan el pasado y presente grandioso de esta ciudad, como si vinieran de un túnel del tiempo y hubieran recobrado su esplendor. La movilidad en la ciudad es familiar y ante todo juvenil. Pero destacan las familias que se mueven en grupo, abuelos, padres e hijos/nietos; diferenciándose por el tipo de ropa que usan, la que va desde la simpleza de los abuelos a la ropa de moda de los hijos/nietos. Los jóvenes, abrumadoramente mayoritarios entre la población, se dejan notar por sus hábitos de consumo, especialmente de ropa de moda y marca, muy similar a la de Estados Unidos y/o Europa Occidental. Este consumo juvenil se repite en otras ciudades como Nanjing y Beijing, pero sin alcanzar la masividad de Shanghái. Familias y jóvenes al moverse en grupo, destacan lo que algún amigo chino me comentara como la jerarquía de valores entre la población: primeo el grupo, la familia en este caso, luego el individuo. Otra cuestión a destacar es la visita al Museo del Partido Comunista de China (PCCH) en el centro de la ciudad. Este partido que ha dirigido China en las últimas casi ocho décadas, fue fundado precisamente en Shanghái en 1921. Varias personas que habían visitado China nos recomendaron que visitáramos el museo. Paradójicamente está en un barrio hoy ocupado por grandes centros comerciales y tiendas de lujo, aunque quizás la ubicación se explique por la cercanía del local fundacional, sólo a unos metros de distancia. El museo, sin embargo, es una muestra más del extraordinario desarrollo museográfico de China. La muestra contiene una presentación de los últimos cien años de historia del partido con una multitud de recursos a disposición, desde los fotográficos, el video, los muebles y objetos de los dirigentes, hasta esculturas tamaño natural de los dirigentes más importantes en los momentos clave de la historia del partido. Todo está desplegado en una cronología que tiene como trasfondo la historia contemporánea de China y llega hasta la actualidad, sin ocultar el lugar preeminente de la actual dirigencia, que se ha destacado por darle especial protagonismo a la historia en su discurso político.

Nanjing

Hicimos una corta visita a Nanjing. Este viaje Shanghái-Nanjing fue el primero que realizamos en un tren de alta velocidad, entre 250 y 400 km/hora, con estaciones nuevas ad hoc para este tipo de transporte y movidos con energía eléctrica. El detalle merece mencionarse porque el uso de este tren cambiaría nuestra experiencia de transporte y en buena medida permitió la apretada travesía que realizamos. En Nanjing parece repetirse el patrón urbano de Shanghái, aunque menor en población con aproximadamente 10 millones habitantes. Edificios tipo rascacielos, miles de torres oficinas y viviendas, viaductos que también parecen anunciar una ciudad infinita y un centro que casi no logra distinguirse. Tuvimos oportunidad de visitar dos sitios monumentales impresionantes: la tumba del primer emperador Ming y el memorial de la masacre japonesa de 1937. El primero, recuerda al emperador que derrotó a los mongoles, Zhu Yuanzhang, que estableció la dinastía Ming, gobernó como emperador Hongwu durante el1300 y volvió a unificar China. Es un monumento que está en la falda de una colina a la que se asciende trabajosamente y que ha tenido varias restauraciones, como señal de su importancia histórica, a lo largo de los siglos. El segundo, rememora la masacre de 300 mil chinos en una semana por el ejército japonés, cuando este tomó Nanjing en la guerra chino-japonesa. Este memorial, construido en 2014, con un despliegue de recursos museográficos, muestra con fotografías, películas, grabaciones, esculturas y reconstrucciones de diversos lugares de la antigua ciudad, las atrocidades cometidas; pero sobre todo mantiene la atención del visitante durante un recorrido de aproximadamente dos horas en las que las que hacen penetrar el horror de lo sucedido hasta los huesos. En ambos casos, la historia china, ancestral y contemporánea, toma el primer lugar para recuperar los valores de la tradición y de la paz.

Beijing

No puedo sino volver a empezar por el tren de alta velocidad, que en este caso recorre los 1,300 km que separa Shanghái de Beijing en cuatro horas y media. Me asaltan en el recuerdo los viejos Amtrak que he tomado muchas veces en el tramo entre Richmond y New York en los Estados Unidos, verdaderos vestigios del pasado que no creo nunca hayan superado los 100 km/h y que han sido movidos, por lo que sé, con el sucio diésel de antaño. En Beijing empieza la diferencia. Se aprecia también la modernidad, pero en un ambiente en el que predomina el gobierno. También asoma una ciudad con más presencia rural, quizás por el inmenso flujo de población visitante del interior de China que no cesa de llenar todos los puntos de atracción turística. El poder ancestral y contemporáneo se plasma en esta ciudad y sus monumentos. Los símbolos son la Plaza Tienanmen y la adyacente Ciudad Prohibida. Rodean a la plaza El Gran Palacio del Pueblo y la tumba de Mao Zedong expresando al poder actual de China y la Ciudad Prohibida a las varias dinastías imperiales, que, aunque no siempre tuvieron a Beijing como sede, atraviesan 22 siglos de historia china, desde el 220 AC, hasta 1911. Nos costó dos días entrar al complejo central, luego de superar un formidable operativo de seguridad y siguiendo una fila-procesión entre dos y tres horas en cada oportunidad. Cuando finalmente entramos, éramos parte de una minoría de turistas extranjeros abrumadoramente superados por los chinos. Es cierto que esta ha sido la regla en cada sitio que visitamos, pero en ningún otro vi el interés y en algunos hasta el recogimiento por el lugar donde estábamos. La plaza de Tienanmen presidida por un gran retrato de Mao, como lugar casi de culto y peregrinación, es una muestra de la legitimidad del poder a través del liderazgo de Mao Zedong como gran líder nacional, que, a pesar de los giros políticos ocurridos, es valorado por su papel en la fundación de la China moderna. Pero la peregrinación continúa en la propia Ciudad Prohibida y los jardines imperiales y canales que la rodean, produciendo sus árboles un viento fresco que brinda un solaz indispensable a 38 grados de temperatura. Un destino obligado en Beijing es la Gran Muralla. Sólo nos pudimos permitir una pequeña muestra tanto por sus miles de kilómetros de extensión, como por el esfuerzo de la subida y el recorrido a 35 grados de temperatura. Sin embargo, el monumento en toda su magnificencia, es expresión de la potencia imperial que ya tuvo China en el pasado y que indudablemente inspira su desarrollo actual. En ese momento fue una línea de defensa frente a la invasión de sus enemigos del norte, principalmente mongoles, mientras que hoy es el recuerdo que inspira para defender su inmenso territorio. También está en Beijing el mercado Panjiayuan, en el que se vende todo lo que uno se puede imaginar, pero principalmente artesanía, antigüedades, perlas, y ante todo arte popular chino. En él se desarrolla en toda su extensión la costumbre de los comerciantes chinos de “regatear”, es decir discutir el precio de cada mercancía sin límite ninguno, de allí que cualquier objeto ofrecido puede terminar costando la tercera o cuarta parte de la oferta inicial. Distintos amigos, sin embargo, no dijeron que esta costumbre, muy extendida en otras épocas, venía siendo acotada por la formalidad de los nuevos centros comerciales que abrían en las grandes ciudades y relegaban, con sus pros y sus contras el comercio tradicional. En Beijing también empieza a notarse un cambio en la gastronomía, cuando los sabores se hacen más fuertes y los diferentes platos tienen una personalidad especial. Esto es especialmente relevante en el famoso, en términos peruanos, “pato pekinés”. El gusto por este plato y su peculiar, corte, preparación y sabor; me venían del chifa de mi barrio en Lima y no dudamos en probarlo una vez que descubrimos que muy cerca al hotel donde estábamos había un restaurant dedicado exclusivamente a tan delicioso plato. Demás está decir que la experiencia superó todo calculo y prometió que nos volveríamos a atrever, más adentro de China. Pero el encuentro más importante de toda nuestra gira lo tuvimos en Beijing con los directivos del Centro para China y la Globalización (CCG), el Dr. Henry Huiyao Wang y su esposa la Dra. Mabel Lu Miao; el primero fundador y presidente y la segunda co-fundadora y Secretaria General, una institución no gubernamental, pero con importantes lazos con el gobierno chino. Me habían hablado del centro ya en la Embajada China en Lima, pero sólo gracias a los buenos oficios del Encargado de Negocios de la Embajada del Perú en Bejing, pude hacer el contacto y conocerlos. La institución es uno de los centros más importantes de China en el estudio de las relaciones internacionales y especialmente de las relaciones de China con el mundo. Nos encontramos con la pareja de Henry y Mabel, sus nombres occidentales con los que gustan ser llamados, en una cena que invitó la embajada del Perú en Beijing. Luego, continuamos la conversación en otra invitación a cenar que nos hicieron al CCG en su sede principal. En un intercambio informal, tratamos varios temas, por un lado, el papel de China en el mundo como la potencia que es hoy día y las características y posibilidades de cooperación con otros países. Sin embargo, el Dr. Wang señaló también la preocupación por lo que consideran provocaciones armadas y focos bélicos en el planeta. Al respecto, fue muy enfático en señalar que China no quiere la guerra y por ello desarrolla una política de paz, dirigida al entendimiento con Occidente especialmente con los Estados Unidos. También nos explicó las características del modelo chino de desarrollo, como un modelo basado en un Estado fuerte que ha dejado al libre mercado, de iniciativa tanto nacional como extranjera, aproximadamente el 60% de la economía, reservando el 40% para el Estado central y los gobiernos regionales y municipales. Un modelo que oficialmente se denomina como “Socialismo de mercado”. Esta combinación, según el Dr. Wang de Estado fuerte y economía mixta es lo que ha permitido el éxito económico chino, llevando al formidable crecimiento, la gran capacidad de inversión en la propia China y el bienestar económico de la población. Más de la mitad de la población, de aproximadamente 1,400 millones de personas, unos 850 millones, tienen ingresos, considerados según los estándares internacionales, entre medios y altos. Las inversiones en infraestructura, así como en servicios públicos, de educación, salud y vivienda, son una muestra de ello. Sin embargo, esto no quita que China tenga una tarea pendiente el ámbito rural, donde todavía se concentra el mayor atraso en el país. Este progreso se ha realizado, según el Dr. Wang bajo la dirección del PCCH que afirma una dirección marxista e incluso leninista. Al respecto nos señala que ha habido discusiones en el seno del partido para cambiar el nombre y en consecuencia la filiación ideológica, pero que se ha resuelto no hacerlo como una manera de afirmar su corrección, pero también una trayectoria que los ha llevado al lugar actual. Otro aspecto de la conversación se refirió a la continuidad y el cambio, tanto de los diferentes momentos de la revolución china, como de la importancia de la historia china para comprender la situación actual del país. Un punto muy importante al respecto es la valoración del legado de Mao Zedong. En línea con lo planteado por Deng Xiao Ping, el Dr. Wang se refirió a la importancia del liderazgo de Mao en el triunfo de la revolución y la derrota del antiguo régimen, que pudo dar curso a la República Popular China. Sin embargo, señaló que Mao cometió errores en la construcción socialista en especial por su concepción igualitarista y no haberle dado suficiente importancia al desarrollo económico. Conversamos sobre el tema largamente y me sorprendió su erudición, sobre todo respecto de la herencia soviética y como ésta se tradujo inicialmente en China. Asimismo, subrayó el carácter meritocrático del sistema chino y cómo se había combatido en la última etapa tanto al nepotismo como a la corrupción. Por último, en referencia al Perú, quizás el objetivo inicial suyo para encontrarnos, señaló la extrema inestabilidad política del país, como un problema de fondo que pasaba a ser una característica imposible de soslayar, más allá de otros temas económicos y comerciales. No pude sino manifestarle mi acuerdo con su evaluación y la carencia hoy de interlocutores de gobierno que puedan abordar sus preocupaciones. El punto de este encuentro, sin embargo, tiene que ver con la calificación del cuadro político con el cual conversé, que es capaz de desplegar una visión tanto nacional como planetaria de la política de su país, algo impensable en el Perú desde hace muchos años en que nos encontramos enfrascados en fracasos que no nos permiten avizorar la luz al final del túnel.

Xi’an

Fuimos a Xi’an, con otro tren rápido en un recorrido de 1200 kilómetros desde Beijing, a la antigua capital de la China imperial, de 13 millones de habitantes. Las características que asomaban en Beijing se hacen más fuertes en Xi’an con una presencia mayor del mundo rural y la China tradicional. Las dos grandes torres, de las campanas y de los tambores, que presiden el centro de la ciudad lo atestiguan, así como la enorme muralla que ahora solo rodea el centro de la ciudad moderna, habiendo sido rebasada por el ímpetu de la urbanización. Se multiplican, sin embargo, los ambulantes y las carretillas, tanto de comidas como de múltiples baratijas, que quisieran competir, en una batalla perdida de antemano con los grandes centros comerciales, en cuya puerta quieren colocarse si es que le ganan el pulso a la policía local. En Xi’an se acentúan los sabores de la comida que ya sentíamos en Beijing pero que aquí conquistan cada plato. Nos dicen que es la influencia musulmana, eco de la ancestral “ruta de la seda” que, aunque lejos todavía ha llegado con sus ecos por miles de años a la ciudad. Como anécdota podemos decir que el “Pato pekinés” más sabroso que comimos en el viaje, lo compramos en un pequeño local que nos llamó la atención por la larga cola de clientes chinos que tenía. Eran tres jóvenes, que con un brasero y una mesa para trozar el ave vendían el manjar, casi en la calle. Lo comimos con la sola compañía de algunas cervezas del lugar, por lo demás de muy bajo contenido alcohólico. Xi’an definitivamente, dentro de los varios mundos que estábamos conociendo, era otro mundo que disfrutar. Quizás la fama mayor de la ciudad se la dan hoy los “guerreros de terracota”. Se trata del entierro de todo un ejército de guerreros, reproducidos en estatuas de tamaño natural, para cuidar la tumba del emperador Qin Shi Huang. Este último fundó la primera dinastía imperial, conocida como Qin, el año 221 A.C., terminando con el período de los llamados “reinos combatientes”. No sólo se trata de uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del planeta, sino también es una muestra del grado de civilización que había alcanzado China hace ya 22 siglos. Me tomó tiempo y especial voluntad llevarme una copia de las que venden en el museo del lugar, como que era llevarse algo que a uno no le pertenecía.

Pingyao

Desde X´ian fuimos a Pingyao, la ciudad amurallada de la China antigua que se mantiene como tal y que al pasearnos por sus calles nos traslada a la época medieval. Aquí la experiencia fue total. Desde el hotel en el que nos hospedábamos, una vieja casa de familia que había separado varios cuartos para ofrecerlos como alojamiento, pasando por cada calle y cada uno de los sitios históricos, donde destacan, además de la muralla, la torre de la ciudad, un gran observatorio en el centro urbano desde el que se observa toda la vida del lugar, el templo de Confucio y el local que presentan como el primer banco de la China. Todo esto junto con exquisiteces culinarias ancestrales, propias de la cocina de Shanxi, como la carne de vacuno marinada con una salsa local, el delicioso vinagre balsámico y sus salsas picantes para acompañar los platos, que uno puede degustar en restaurantes de todo precio. Además, uno de los fabricantes de vinagre balsámico nos invitó un licor que nos dijo obtenía unto con la destilación del vinagre, que a todas luces nos pareció similar a nuestro pisco quebranta. Una curiosidad que resaltaba en diversos negocios como restaurantes, tiendas de antigüedades e incluso nuestra casa-hotel, es la presencia de la imagen de Mao Zedong, en este último caso acompañada de flores frescas al costado de una vieja fotografía que aparecía de la década de 1950. Pingyao es una ciudad en la que los siglos de su pasado lo apabullan a uno. La vuelta a X´ian apareció violenta, como si todo ese tiempo atrapado en Pingyao lo hubiera querido retener a uno.

Yan´an

De Xi’an hicimos todavía un último viaje por la región. Fuimos a Ya´nan, considerado la cuna del pensamiento de Mao Zedong. Ese lugar que era entonces una zona montañosa y rural pobre al norte de China, albergó a la dirección del Partido Comunista entre 1935 y 1948, desde el final de la Larga Marcha hasta la ofensiva final sobre Beijing y la toma del poder. La Larga Marcha fue una retirada militar estratégica luego de los duros golpes que recibió el entonces Ejército Rojo de parte del llamado Ejército Nacionalista de Chiang Kaishek. Sin embargo, esta retirada también significó la afirmación del liderazgo de Mao Zedong que logró juntar a los restos de la dirección y las bases del partido bajo su mando, cambiando la estrategia militar y priorizando la lucha contra el invasor japonés. La visita a Yan´an tiene un importante significado porque es allí donde se plasma el cambio de estrategia en el curso de la revolución china, alejándose del consejo soviético, así como a la constitución del grupo de dirección que realiza ese empeño, lo que finalmente la lleva al éxito. Este cambio, que pone “la política al mando” es el que produce posteriormente el aislamiento de las fuerzas de Chiang Kaishek, a pesar de su superioridad militar, y la victoria de las fuerzas encabezadas por Mao. Es algo similar para el pensamiento político a la transformación que produce Antonio Gramsci cuando escribe “La revolución contra el Capital” en referencia a la heterodoxia leninista en la revolución rusa o más todavía cuando plantea “Paso de la guerra de movimiento a la guerra de posición” en los Cuadernos de la Cárcel. Mao recuerda que cuando llegaron a Yan´an en 1935 esta era una aldea campesina de no más de mil habitantes, mientras que la ciudad a la que arribamos tiene en la actualidad un millón trescientos mil, con similares comodidades a otras ciudades chinas de su tamaño, lo que incluye metro, estación para tren de alta velocidad que atraviesa las montañas por túneles y puentes para llegar a su destino, viaductos y vías expresas, etc. Hay tres lugares de culto: Zaoyuan, muy cerca de las montañas que les daban protección, donde hay una reproducción de las casas en las que la dirección vivió y trabajó, así como múltiples fotografías y esculturas tamaño natural de los líderes revolucionarios. Yangjalin, donde está el auditorio en el que se llevó a cabo la reunión que consagró formalmente a Mao como el líder del PCCH. Finalmente, el Memorial de la Revolución, que tiene una excelente presentación de lo que fue la etapa decisiva de la lucha revolucionaria, tanto de la guerra contra el gobierno de Chiang Kaishek, como de la lucha contra la invasión japonesa. En contraste con los sitios anteriores está la pagoda Bao, una torre del año 500 DC que destaca en una montaña sobre la ciudad y que tiene su mayor relevancia en la noche cuando es magnificanmente iluminada. La visita a Yan´an nos hace ver la carencia desde la que se alzó la revolución china, la extrema pobreza en que vivieron sus dirigentes, para luego de casi un siglo haber sus herederos construido la potencia que es la China actual.

Chengdu

Terminamos nuestro periplo visitando la ciudad de Chengdu, casi en el centro de China y a varios miles de kilómetros de la costa. Una ciudad antigua e importante hace siglos, ligada a los inicios de la Ruta de la Seda, convertida hoy en una gran urbe de 21 millones de habitantes que concentra una gran actividad comercial. Allí llegamos atraídos por el Buda gigante de Le Shan, 71 metros de alto, y el bosque de los osos Panda, que identifican a China alrededor del planeta. Optamos por empezar nuestra visita con el Buda gigante, monumento de una antigüedad de 1,200 años, esculpido en una montaña que esté en el cruce de tres ríos. De los dos caminos para ver el monumento, subir a pie o tomar un bote que cruzara los ríos y nos colocara al frente, preferimos el primero porque creímos que nos daría una vista más cercana. Sin embargo, la subida a pie, con una temperatura entre los 35 y 40 grados centígrados, rechazando toda ayuda ofrecida, nos permitió llegar a la cabeza del Buda y tomarnos las fotos respectivas, pero a un costo que desconocíamos. Sufrimos lo que se denomina un “golpe de calor” que nos puso al borde del desmayo y nos hizo emprender de inmediato el regreso, quedándonos agotados en el hotel e impidiendo que fuéramos al día siguiente al bosque de los Panda. La poca energía restante antes de regresar a Shánghai fue para saborear la comida intensa de Chengdu, en un restaurant en apariencia sencillo que mostraba su orgullo en una colección de fotos en las que exponía su trayectoria en la gastronomía de la ciudad en los últimos cien años. Regreso a Shánghai Regresamos a Shánghai para emprender el retorno al Perú. La ciudad cosmopolita y bulliciosa como siempre tuvo esta vez un detalle, para mí al menos inesperado: el bar de jazz del Hotel Fermont. Desconfiado de la calidad del jazz en estos espectáculos hoteleros, debo decir que esta fue una excepción. Extraordinario. Primero un hotel precioso, con un diseño de principios del siglo XX que expresa al Shánghai entre Art Deco y neoclásico con influencia china de principios del siglo XX. Nos encontramos, además, con el espectáculo de manera fortuita, porque el hotel alberga varios bares, pero entre las fiestas privadas y los cierres por la lluvia quedaba tan solo el bar de jazz. Con todos los elementos, sin embargo, era un ambiente original que solo se comparaba con el mundo bohemio europeo del siglo anterior, del que seguramente había obtenido la inspiración. Solo nos detuvimos hora y media después de haber comenzado el espectáculo, ante la tentación de caminar, junto con otros miles de ciudadanos de Shánghai, por el malecón (el Bund) antes de la medianoche. Para terminar la crónica en sí: el té que nos tomamos con dos jóvenes profesores chinos que habíamos conocido en la conferencia en la Universidad de Fudan al inicio del viaje. Es interesante porque son dos personas que están iniciando su vida académica y profesional y nos hablaron con bastante más soltura que otros. En el diálogo con ellos pudimos escuchar las tribulaciones de dos jóvenes que empiezan en la vida y tienen los problemas de comenzar una familia, tener hijos, conseguir una casa, seguramente que en condiciones mejores que las generaciones pasadas, pero con similares tensiones. Además, sus comentarios desprejuiciados sobre el gobierno al que sentían todavía lejano de sus angustias. Ello no los hacía menos conscientes del país dende vivían, sus contradicciones y el poder que iba adquiriendo en el mundo.

¿Qué se está construyendo en China?

Para abordar este tema, creo que hay uno similar pero anterior a considerar: el inmenso orgullo del pueblo chino por su historia y su tradición. El orgullo de un pueblo antiguo. Me lo dijeron muchos de mis interlocutores, en la academia, en la política y lo sentí en la calle. El orgullo por su historia, de seis mil años de ocupación del territorio, 22 siglos y nueve dinastías imperiales, antes del República China, y de la revolución que funda la República Popular China. Esa historia que supone una tradición y que les da, entre muchas otras cosas, un Estado que ya conocía la burocracia hace miles de años. Una tradición de construcción estatal que indudablemente influye en el Estado moderno que vemos construyendo la China de hoy. Empero, no es explicable lo sucedido en China si no tomamos en cuenta la brutal agresión que sufrió de las potencias imperialistas de Europa Occidental, los Estados Unidos y el Japón, pero especialmente de Gran Bretaña, durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Las potencias occidentales tenían el objetivo de someter a China a sus designios y con ese fin impusieron los llamados “tratados desiguales” y la obligaron a darles puertos y concesiones territoriales, llevando a que el país perdiera su independencia. Esto motivó una reacción nacionalista que desembocó en varios movimientos de resistencia a la agresión extranjera, en el derrocamiento de la última dinastía imperial y en la revolución de 1911. Esta influencia fue clave para la fundación del PCCH y el tipo de revolución que este lideró, de carácter democrático, nacional y popular, con una estrategia de firme rechazo a la invasión extranjera, japonesa en este último caso, que ya había sufrido el país. No por gusto el Presidente de China Xi Jinping en su discurso por los 100 años de la fundación del PCCH en 2021empezó diciendo “no nos van a volver a someter”. Pero yendo al punto. La gran interrogante que me llevó a China y que ha flotado en mi cabeza durante todo el viaje y después ha sido sobre la alternativa económica, social y política que se está o no construyendo en ese país. La prensa dominante en los países capitalistas desarrollados habla con facilidad de “restauración capitalista” y en esto suele coincidir con cierta izquierda dogmática que prefiere mirar al pasado y señalar también que en China se ha restaurado el capitalismo. Es bueno recordar que cuando China quería entrar a la Organización Mundial de Comercio a principios del siglo XXI, Bill Clinton, entonces Presidente de los Estados Unidos, señaló que había que permitir su ingreso porque de esta manera sería absorbida rápidamente, no sólo económica sino también políticamente, por el capitalismo y la democracia liberal. Sin embargo, ha pasado un cuarto de siglo y esto no ha sucedido. ¿Cuál es la realidad hoy día? Que China ha dado un salto espectacular en términos de crecimiento del PBI, el 8.6% en promedio entre 1980 y 2025, un fenómeno inédito en la historia mundial. Esto le ha permitido hacer el tránsito, en términos del Banco Mundial, de la una economía de ingresos bajos en una economía de ingresos medios-altos. Asimismo, este crecimiento se refleja en una esperanza de vida de 78.2 años muy superior a los 35 años de 1949, cuando se inició la revolución. La esperanza de vida, de acuerdo con el economista inglés John Ross, es el indicador más importante para ver cómo el crecimiento se refleja en el bienestar. Todo esto ha convertido a China en la segunda potencia económica y política mundial que ha hecho esto manteniendo un estado fuerte, bajo la dirección del PCCH y con un modelo de “socialismo con características chinas” o “socialismo de mercado”. Ahora bien, ¿por qué socialismo? El debate se remonta al inicio de la revolución rusa con la Nueva Política Económica (NEP) impulsada por Lenin, que le da un papel muy importante a la empresa privada y el capital extranjero, pero que tiene una corta duración y es reemplazada por la estatización de toda la economía, acentuada a partir del Primer Plan Quinquenal en 1929. El hecho es que la NEP apuntaba al desarrollos de las fuerzas productivas, de la riqueza material como el apoyo para transformar las relaciones sociales de producción, mientras que Mao Zedong desarrolla una posición voluntarista e igualitarista de la construcción del socialismo que se expresa en dos momentos “El gran salto adelante”, entre fines de la década de 1950 y principios de la de 1960, y “La revolución cultural” entre 1966 y 1974, en ambos casos experiencias fallidas que afectan muy seriamente el desarrollo chino. Ello lleva a un viraje, la política de modernización emprendida bajo el liderazgo de Deng Xiaoping en 1978, que vuelve a poner el acento en el desarrollo de las fuerzas productivas como base para el cambio en las relaciones sociales de producción. Este viraje es la base para el éxito de las políticas chinas en el último casi medio siglo. Para este punto de vista se mantiene el curso socialista en la inmensa capacidad que desarrolla el Estado chino en sus diferentes niveles para repartir la riqueza producida reinvirtiendo en su propio país, como señalábamos líneas arriba, el gran crecimiento económico, genera una enorme capacidad de reinversión, 43% del PBI, y esto impacta en el aumento de la esperanza de vida y en la reducción de la pobreza. Señalan, sin embargo, mis interlocutores que China tiene una tarea pendiente respecto de la desigualdad que muchos consideran que se ha agudizado en el curso de las reformas económicas. Queda por desarrollar el aspecto político democrático, quizás si el más complicado porque tiene varios factores en juego. Lo primero es el contexto de época. Nos encontramos en un momento de crisis del paradigma democrático liberal que en el último siglo se convirtió en casi el sinónimo de la democracia. La ofensiva de extrema derecha hoy en curso no respeta las libertades civiles ni políticas, menos los derechos sociales, ni tampoco la división de poderes. El otrora centro del liberalismo, los Estados Unidos, está gobernado por un presidente que se ríe abiertamente de esas instituciones democráticas y pone por delante sin remilgo alguno sus ambiciones imperiales. En estas condiciones se dan los éxitos de China y la expansión de su influencia en el mundo que no parece tener, por el momento, el tono despótico de los Estados Unidos. China ha pasado de una primera etapa de confrontación entre 1949 y 1972, cuando el mundo occidental no reconoce al gobierno de la República Popular y el país se cierra en actitud defensiva, a un segundo momento de competencia y cooperación entre 1972 y 2017, desde la diplomacia del ping pong y el encuentro Mao-Nikon, pasando por la apertura económica, hasta la competencia estratégica actual de pronóstico reservado, pero en la que China parece situarse muy bien. Por otra parte, los interlocutores chinos se refieren a su régimen político como uno que viene de una tradición imperial ciertamente autoritaria, pero que recoge las reivindicaciones del pueblo por la vía de la consulta y la participación directa, distinto ciertamente al de competencia y cooperación que, al menos en el papel, se predica en occidente. Sin embargo, desde el extremo occidente que todavía es América Latina, este no deja de parecer autoritario, aunque las alternativas liberales y peor neoliberales, no hayan solucionado nuestros problemas. En todo caso, esta democracia liberal en sus horas bajas no parece ser un contrapunto al éxito chino. Quizás un proyecto democratizador de la democracia liberal, como el que presentamos en la Universidad de Fudan y que nos costó desarrollar en toda su extensión ante las críticas de nuestros anfitriones, podría abrirse paso, no lo sabemos, en medio de los nubarrones que atraviesan América Latina y que vuelven incierto nuestro día a día. En todo caso, la magnitud de los logros en el país oriental merece el beneficio de la duda.

Referencias

Alain Rouquié 1977 América Latina. Introducción al extremo occidente. Cuarta edición. Siglo XXI editores. Ross, John 2021 La gran ruta de China. Lecciones para la teoría marxista y las prácticas socialistas. Artículos 2010-2021. Instituto Tricontinental de Investigación Social. 2025 National Bureau of Statistics of China. 2025 World Bank Group. Data 360. China

Una versión abreviada del presente artículo puede encontrarse en Quehacer No. 16

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¿Asamblea Constituyente ciudadana o plurinacional?

Revista Nuestro Sur Nº1, Saturday, June 21, 2025

Este es un texto que parte del desconcierto. De observar cómo las fuerzas progresistas de izquierda son capturadas por eslóganes de los cuales no tienen mayor explicación, salvo que suenan bien, que parecen correctos porque otros los repiten. Es el caso de la plurinacionalidad para caracterizar la construcción nacional en el Perú. Resulta que ahora ya no somos una sino varias naciones, aparentemente en construcción.

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Perú: el bicentenario fallido

Revista Mexicana de Sociología Vol. 85, Núm. 4 (2023), Friday, December 1, 2023

Esta es una contribución al debate sobre la independencia del Perú a partir de la modesta celebración de su bicentenario en 2021. Es una mirada crítica a la revisión histórica ocurrida en los últimos 30 años y sus intentos de recuperación de las visiones tradicionales sobre la independencia, en auge hasta la década de los años setenta. A contrapelo, señalo el poco impacto de la independencia en la transformación del legado colonial y el fracaso de sucesivas reediciones republicanas, para finalmente plantear cómo el nuevo fracaso republicano se nutre de la fragilidad de origen del Perú y da pie a una fallida celebración.

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La derecha peruana: de la hegemonía a la crisis (1990-2020)

Revista CIDOB d’Afers Internacionals, n.º 126 (diciembre de 2020), Tuesday, December 1, 2020

Este artículo plantea el origen y el desarrollo de la derecha peruana como una derecha neoliberal, en el período 1990-2020. En un primer momento, con el fujimorismo, se trató de una derecha autoritaria y, en un segundo momento, de una derecha que mantiene la continuidad del modelo, pero que transita a la democracia. Sin embargo, es una transición inacabada, ya que la continuidad neoliberal promueve una democracia limitada que, aunque representada por políticos, es administrada por tecnócratas. Los escándalos de corrupción de los últimos años revelan el agotamiento de este modelo. En la actualidad, por falta de una alternativa, la salida se juega entre dos facciones del neoliberalismo –los restos del fujimorismo y la procreada en democracia– que no son capaces todavía de definir la situación, lo cual podría suponer la entrada en juego de un tercer actor aún incierto.

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La universidad y el poder en el Perú: los últimos cien años

Pensamiento Universitario, Friday, October 23, 2020

Publicado en la revista Pensamiento Universitario. AÑO 19 • NÚMERO 19 - ARGENTINA, OCTUBRE DE 2020.

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Demócratas, mediocres y técnicos

Investigaciones Sociales, No. 41, Friday, September 6, 2019

Este artículo trata de la relación entre el abandono estatal, la mediocridad, la razón democrática y la razón tecnocrática en la universidad peruana en el último siglo.

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América Latina ante dos destinos democráticos diferentes

Discursos del Sur, No. 1, julio de 2018, Tuesday, July 17, 2018

Revista de teoría crítica en Ciencias Sociales.

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Perú: la prosperidad falaz

Revista Nueva Sociedad, No. 248., Friday, November 1, 2013

Publicado en Buenos Aires, noviembre-diciembre 2013.

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La farsa de la clase media

Revista Quehacer Nº 191, Monday, July 1, 2013

Artículo que debate el uso de la categoría "clase media" en Perú.

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Itinerario de la sociología peruana

Revista de Sociología. Nº 21 Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Tuesday, November 1, 2011

El desarrollo de la sociología en el Perú atraviesa por cuatro momentos: la preocupación social, la sociología como carrera profesional, el deterioro en las ONG y la vuelta a la sociología crítica.

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Universidad Peruana: consideraciones para un salida posible

Educación No. 2, Saturday, August 1, 2009

Publicado por el Ministerio de Educación del Perú- Minedu y la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura - OEI.

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El giro a la izquierda en América Latina

Socialismo y Participación Nº 102, Monday, January 1, 2007

Artículo sobre la ola de gobiernos progresistas en América Latina.

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Diagnóstico y propuesta para consolidar un sistema de partidos políticos

IDEA, Sunday, August 1, 2004

Texto incluido en el volumen "Los nudos críticos de la gobernabilidad: propuestas para un buen gobierno".

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La gobernabilidad como problema de la democracia

Revista Ideele, No. 152, Saturday, February 1, 2003

Revista del Instituto de Defensa Legal. Lima.

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La sociología y el estudio de la política en el Perú

Investigaciones Sociales, Año V No. 8. , Saturday, December 1, 2001

Revista del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales. Lima 2001.

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El neopopulismo: un concepto vacío

Socialismo y Participación #86, Wednesday, December 1, 1999

Publicado en la Revista Socialismo y Participación, editada por el Centro de Estudios para el Desarrollo y la Participación.

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La democracia barata en nuestra América

Socialismo y Participación, Wednesday, September 30, 1998

Publicado en Lima en la Revista Socialismo y Participación # 82, editada por CEDEP, Centro de Estudios para el Desarrollo y la Participación.

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Suicidio y probables resurrecciones de los partidos en el Perú

Cuestión de Estado # 17, Friday, March 1, 1996

"Suicidio y probables resurrecciones de los partidos en el Perú", Cuestión de Estado # 17. Lima, marzo de 1996.

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Ley Torricelli: un edicto romano para el colapso de Fidel

Revista Quehacer Nº 80, Sunday, November 1, 1992

Artículo sobre Cuba y Estados Unidos publicado en el Nº 80 de Revista Quehacer.

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Elecciones en estados Unidos: nuevas caras, viejas élites

Revista Quehacer Nº 78, Wednesday, July 1, 1992

Artículo sobre la campaña presidencial en Estados Unidos, publicada en el Nº 78 de Revista Quehacer.

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Mentiras de Fujimori y culpas del Parlamento

Revista Quehacer Nº 76, Sunday, March 1, 1992

Artículo sobre el "autogolpe" de Estado en Perú, publicado en el Nº 76 de Revista Quehacer.

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El carisma en el liderazgo de Haya de la Torre

Revista de Sociología, Wednesday, August 1, 1990

Publicado en la Revista de Sociología vol. 6, No. 7, 1990. Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima - Perú.

Índice de la Revista de Sociología, aquí

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Crisis y Perspectivas de los partidos políticos en el Perú

Universidad Autónoma Metropolitana, Monday, December 1, 1986

En: "Experimentos con la democracia en América Latina", volumen editado por Ricardo A. Yocelevzky. México: Universidad Autónoma Metropolitana. Unidad Xochimilco.

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Colombia una paz que se congela

El Zorro de Abajo Nº2, Tuesday, October 1, 1985

Publicado en el Nº2 de la revista El Zorro de Abajo.

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Chile hoy: el retorno de las cacerolas

Revista Quehacer Nº 24, Thursday, September 1, 1983

Reportaje desde Santiago de Chile.

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El Mariátegui de Flores Galindo

Revista Marka, Thursday, June 25, 1981

Un comentario crítico a "La agonía de Mariátegui: La polémica con la Komintern", libro de Alberto Flores Galindo.

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La Polémica Indigenista y los Orígenes del Comunismo en el Cusco

Crítica Andina # 3, Friday, June 1, 1979

Investigación hecha bajo el auspicio de Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Católica de Lima.

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Algunas cuestiones sobre el feudalismo y el desarrollo capitalista en el Perú

Crítica Andina # 1, Wednesday, March 1, 1978

"Algunas cuestiones sobre el feudalismo y el desarrollo capitalista en el Perú". Artículo publicado en la Revista Crítica Andina # 1, marzo de 1978.

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